Mi ropa y mis libros
Porque siempre comienzan cosas nuevas en la vida.
martes, 19 de junio de 2018
martes, 24 de octubre de 2017
LA CULTURA DE LA SOBREVIVENCIA
Sergio García
Díaz
Al hablar de
cultura pienso en la idea que de ésta da Fernando Savater, quien dice que es
todo aquello que voluntariamente crea el ser humano. En este sentido, es
cultura no sólo lo positivo que pueda mencionar de un pueblo o civilización,
sino también aquello que es más bien
negativo como la violencia, las armas, la guerra. Así que cuando hablo de
cultura y la refiero a la conducta humana, quiero señalar el hecho de que
finalmente nuestro comportamiento tiene mucho de voluntario. Mi manera personal
de ser, si bien es aprendida, cada vez que la actúo lo hago desde el
convencimiento de mi libre albedrío.
Digo que vivimos
en la época de la sobrevivencia porque, contrariamente vivir, en sentido
amplio, nos da la idea de que gozamos plenamente de cada una de las situaciones
y de los factores que conforman nuestra existencia. Sobrevivir sería disfrutar
o disponer a medias de mi propia vida. En una analogía, diría que es como
bucear a medias, con una parte del cuerpo sobre la superficie, mientras creemos
estar viendo las profundidades del mar. Vivir sería como bucear completamente,
con todo el cuerpo dentro del agua, pero además a una profundidad que me
permite gozar y maravillarme de todo lo que experimento y de lo que hay a mi alrededor.
Con cultura de la
sobrevivencia me refiero a la manera de crear nuestra vida en estándares de
superficialidad, me refiero a la costumbre de vivir nuestra propia vida muy por
encima, a la manera de vivir en la que pocas cosas es posible vivirlas con
plenitud y, sin embargo, de las cuales somos totalmente conscientes.
De hecho, es por
las consecuencias de esta cultura de la sobrevivencia como digo, que me
interesé en escribir sobre este tema, al que bien me pareció llamarlo así: frustración,
enojo, estrés, violencia, competencia, miedo, tristeza, enfermedad,
solitariedad, avaricia, aburrimiento, por mencionar algunas de las cosas que
veo que padecen muchas personas hoy en día.
A veces se cree
que lo que se vive es lo que se tiene que vivir y la resignación hace su
aparición, o la adaptación conformista a las circunstancias, acompañada, sin
duda, de coraje, frustración y amargura. Nos quejamos, nos revelamos,
pataleamos, desobedecemos, hacemos berrinches, gritamos, nos indignamos y
muchas cosas más a las cuales nos hemos acostumbrado también, pero al final muy
poco cambiaron las cosas, en el mejor de los casos, o nada, como la mayoría de
las veces, cuando no se empeoraron. Nos hemos acostumbrado a sobrevivir a
nuestra propia vida, nos desgastamos en sufrirla más que en gozarla, incluso la
hemos reducido a su mínima expresión para no complicarnos tanto, pero con ello
le hemos restado gran parte de su sentido. En la cultura de la sobrevivencia la
vida se nos hizo insípida, poco nutritiva, aburrida, pesada, incluso
insoportable. Porque en realidad no estamos hechos para la sobrevivencia, sino
para una existencia plena.
Cuando pensaba en
esta situación recordaba que en coaching ontológico hablamos de la rueda de la
vida, en la que se mencionan los aspectos que nos conforman, en los que
ocupamos nuestra vida. Y me di cuenta que en esos mismos aspectos hemos
aprendido muy bien a sobrevivir, es en cada uno de ellos donde nos estamos
gastando casi que inútilmente. Precisamente en esos mismos aspectos es donde
habría que dar el paso de la sobrevivencia a una vida plena, en sentido amplio
y profundo.
Estos aspectos son: salud, emocionalidad, relaciones, estudios, trabajo, patrimonio, dinero, ocio. La pregunta obligada es: ¿vives o sobrevives en cada uno de estos aspectos? ¿Sientes medio cuerpo fuera del agua y crees bucear en las profundidades de tu vida? Cada uno de estos elementos de la rueda de la vida da para escribir mucho, pero mi intención era sólo hablarte de lo que llamo la cultura de la sobrevivencia. Así que la otra parte de este breve escrito… la escribes tú.
04/10/2014
lunes, 23 de octubre de 2017
LA CULTURA DEL MIEDO
Sergio García Díaz
Si me preguntaran qué de lo que hay en mi vida lo he elegido
conscientemente, quizá me sorprendería al darme cuenta que mucho de lo que
considero como parte de mi forma de ser, de pensar, de sentir, de vivir la
vida, en realidad lo recibí de los demás en algún momento, quiero decir, lo
aprendí así, lo adapté y ahora soy quien soy. Esto es lo mejor que humanamente
hacemos. Y así es como vamos por la vida buscando ser felices, realizando
nuestras metas, aprendiendo de los errores, viviendo las pérdidas, disfrutando
las alegrías de la vida, conociendo a otras personas, relacionándonos con los
problemas de la existencia y hasta con el mismo Dios.
Considero, sin embargo, como ya lo han dicho los grandes
pensadores del desarrollo humano, que algo muy necesario que nos conviene
aprender es, precisamente, a des-aprender. Sobre todo aquellas cosas que nos
limitan y nos hacen, una y otra vez, menos felices, menos plenos, que nos
quitan la paz o la serenidad para vernos capaces de mucho más de lo que
consideramos.
De entre todo lo que podríamos des-aprender, el miedo es lo
primero, pues lo aprendimos desde pequeños como una manera sana de convivencia
y de autoprotección. Efectivamente, el miedo tiene una función muy clara,
ponernos en alerta frente a posibles peligros. El problema es que perdimos de
vista la “posibilidad” de los peligros y en su lugar sólo percibimos su
necesidad, no hacemos más que ver cualquier peligro como inminente, como algo
que debe ocurrir por el hecho de percibirlo. Aquí es donde surgen dos actitudes
muy comunes: por un lado, al vernos enfrentados frecuentemente a peligros, resulta
fácil volverse víctima de ellos, entonces la autocompasión surge como una
manera de sentirse vivo y de pedir ayuda, aunque sea de una manera poco sana;
por otro lado, nos autolimitamos al conceder al miedo que sentimos una fuerza
mucho mayor que a nuestra capacidad de superar cualquier peligro.
Esta manera de vivir el miedo nos es presentada por todas
partes, de todas las maneras posibles. La violencia actual que vive el mundo,
guerras, epidemias, inestabilidad económica, hambre, muerte. La corrupción, la
drogadicción, la pérdida de empleos, la enfermedad, incluso la vejez, la
depresión, el suicidio. La escasez de alimentos, el alza de los precios. La soledad,
los divorcios, el maltrato infantil, los feminicidios… podría seguir la lista. Lo
que quiero señalar es que estamos tan acostumbrados a estas situaciones, que
por consecuencia lo estamos a los que ello nos provoca: el miedo.
Tenemos miedo de enfermarnos, de perder el empleo, de estar
solos, de que no nos quieran, de que nos roben, nos secuestren. Tenemos miedo
de que nos critiquen, de que piensen que no somos capaces de hacer bien algo,
de sufrir un accidente en la carretera, de que no nos alcance el dinero, de
quedarnos sin comer. Tenemos miedo de cometer errores, de equivocarnos, de
fallarle a alguien, de que Dios nos castigue o en su defecto, nos deje
ignorados. Tenemos miedo de perder de vista nuestros objetivos, de flojear, de
no ser los padres ejemplares, los hijos amados, los hermanos bien portados. Tenemos
miedo de no vivir lo suficiente, de sufrir en la vejez, de perder a un ser
querido. Tenemos miedo, a veces, hasta de nosotros mismos.
¿Qué cosas hacemos por miedo? Muchas, muchas que en vez de
ayudarnos, nos van acabando poco a poco. Lo que surge del miedo o lo perpetúa o
lo transforma en fortaleza. En este contexto, se vuelve necesario comprar
seguro de gastos médicos, trabajar hasta el extremo, sacrificar gustos para no
ponernos en peligro, alejar a los demás para que no se vuelvan amenazas,
desconfiar de todos, portarme siempre bien para que Dios no me castigue o de
plano negarlo, exigir a los demás que cumplan nuestras expectativas, en
definitiva, quedarnos en nuestra zona de seguridad.
El miedo nos enferma de indiferencia, de autocomplacencia,
de aislamiento, de soledad innecesaria y de desconfianza. Esto es lo que hay
que des-aprender. Vivimos en una cultura del miedo a la propia vida, como si
alguien fuera a salir vivo de ésta.
Yo creo que todas las maneras de vivir son válidas siempre que aporten un poco de felicidad a la vida de los demás. Sólo no vivas con miedo.
Etiquetas: CRÍTICA, ESCRITOS, PSICOLOGÍA
domingo, 8 de enero de 2017
VIAJE A MARTE
Sergio García Díaz
A la
cuenta de tres vas a aguantar la respiración lo que más puedas. Una, dos, tres…
¿Cuánto tiempo aguantas sin respirar? ¿Un minuto, dos? Tres no creo. Personalmente
no llego ni a los dos minutos. Esto de la respiración es lo primero que se me
viene a la mente cuando oigo hablar sobre viajar a Marte. Para los científicos y
expertos en el tema supongo que también es un tema de capital importancia, pues
sin respirar los seres humanos morimos. Viajar a Marte para morir no creo que
sea una buena propaganda para una agencia de viajes.
Alguna
vez platiqué sobre este fascinante posible hecho con mi mejor amigo. Como otras
veces, nos apasionamos con el tema y decíamos que seguramente no nos tocará
realizar alguno de estos viajes, no sólo por cuestión de dinero, sino más
seguramente porque no estaremos vivimos para entonces.
Que represente
la ilimitada capacidad del ser humano para lograr lo que quiera puede ser
cierto, pero viajar a Marte me plantea más interrogantes que razones para
pensar que de ser posible vivir allá las cosas serían diferentes.
¡Viajar
a Marte! ¿Qué emoción? ¡No, qué miedo! Para empezar, como ya lo dije, por
cuestiones económicas, ¿quiénes podrían viajar? Algunos cuantos millonarios y
sus familias. Entonces, ¿quién podría vivir en Marte? Suponiendo, como se dice,
que los pobladores de Marte podrían salvar la especie humana, ¿qué genes se
preservarían?, ¿qué historias serían las victoriosas?
La llegada
de la especie humana a Marte no supone un cambio radical de paradigmas, si
acaso, una adaptación del humano al medio. Pero seguiría tratando a Marte como
trata a la Tierra. Eso me queda claro.
¿Qué
leyes serían las vigentes?, ¿Quién gobernaría?, ¿Qué tipo de economía tendrían?,
¿Habría países?, ¿En qué trabajarían?, ¿Vivirían alrededor de los ochenta años
como se ha podido lograr actualmente?, ¿Qué religiones habría?
Hay muchísimas
más preguntas por hacer, sin duda. La principal, para mí es: ¿Qué diferencia
habría de vivir aquí en la Tierra? Prefiero ahorrar para conocer los pueblos
mágicos de México.
08
enero 2017
miércoles, 16 de noviembre de 2016
LA CONTRA-GLOBALIZACIÓN
Sergio
García Díaz
Resumo: Damos por hecho la globalización,
aunque sigue siendo un proceso. Pero frente a la ideología dominante resurgen
las identidades locales y particulares. Este es el tiempo de las
reivindicaciones que tienen que ver con “la identidad”.
Nos alarmamos
cuando vemos ganar a Donald Trump la presidencia de Estados Unidos. Pocos
fueron los críticos y analistas que meses atrás veían esto como posible. Ahora que
es una realidad sólo nos queda el hecho de la sorpresa y la desilusión, e
incluso decepción de la política. No digo estadounidense ni internacional
porque lo mismo ha pasado en muchas otras partes del mundo. Venezuela, Cuba por
mencionar países de América.
Personalmente,
veo este hecho como un fenómeno que ya se ha dado aunque en menor escala y de
maneras tan diversas que han sido casi olvidadas. Me refiero a la
reivindicación de “la identidad” particular y colectiva, pero locales. Como mexicano
mi referente tanto de pertenencia como de identidad es México, por más que diga
que soy americano o ciudadano del mundo. Lo curioso es que siendo mexicano
estoy abierto a formas de pensar, de vivir, credos, creencias, culturas,
tradiciones, etc., que no son propias de mi país. Podría decir que en general
es una actitud de la mayoría de los habitantes del planeta, pues además la
asociamos a uno los principios de la democracia: la tolerancia.
Con lo
que acaba de pasar en Estados Unidos, me pregunto: ¿En qué tipo de democracia
creemos?, ¿Es la democracia la que garantiza el ejercicio pleno de los derechos
humanos?, ¿La democracia podría beneficiar sólo a algunos y si es así sería
verdadera democracia? Dejo estas preguntas para sus reflexiones personales.
Más bien
quiero centrarme en la reivindicación de las identidades que es lo que llamo la
contra-globalización. Era y es de esperar que frente a la deformación de la
cultura propia y a la deformación de la identidad surjan los reclamos y las
ganas de hacerla notar frente a los otros, que en algún momento dado sí son
vistos como amenaza. ¿Cuántos movimientos de grupos revolucionarios reivindican
junto con sus derechos su propia identidad, su etnicidad? Esto en México y en
muchos lugares del mundo. Sólo que como los gobiernos siempre encuentran
maneras de acabar con esas revueltas, el olvido es cuestión de tiempo. Pero cuando
esta reivindicación la hace un presidente no queda más que esperar que la
comunidad internacional sea la que intervenga para evitar excesos. Aunque creo
que esto será un sueño guajiro, propio de la democracia del siglo XXI.
El límite
entre no hacer nada y dejar que las cosas pasen en nombre de la globalización y
revelarse para reivindicar lo local es la amenaza a la propia identidad.
Repito
la pregunta en otras palabras, porque estoy tratando de entender: ¿Se vale
sentirse amenazado por otras culturas en plena segunda década del año dos mil?
Este
es el momento en el que agradezco el tan criticado nacionalismo que nos han
inculcado a los mexicanos/as. Sin embargo, sigo creyendo en el diálogo y en la
riqueza cultural de todos los pueblos del mundo.
16
noviembre 2016
martes, 14 de junio de 2016
CAPRICHOS HUMANOS
Gastamos tanto de nosotros en lo que no es, que en lo que es.
A veces nos acostumbramos a pensar las cosas de una sola y única manera.
Hasta parece que en ellos nos complacemos.
Nos encanta, por alguna extraña razón de ignorancia, crear y creer en los opuestos.
Contraponemos, como si fuera necesario, realidades que no lo necesitan.
Creamos, porque así se ha hecho siempre, oposiciones.
Y en ello ponemos nuestra fe, nuestra buena -a veces no tanto- voluntad.
Podemos incluso desgarrar nuestra integridad por defenderlas.
Sin embargo, la vida no está hecha de antinomias, contrarios u opuestos.
La vida está hecha y es una paradoja.
Allí está su sentido, su trascendencia y la dinámica que le es propia.
La vida no es de los sin sentidos, sino de las búsquedas que lo dan.
Pero a veces, nos perdemos en puros caprichos humanos.
miércoles, 9 de marzo de 2016
LA DEGRADACIÓN QUE PROVOCA EL PODER
Sergio García Díaz
En días pasados, en una de las clases que tuve, a propósito
de las bienaventuranzas y de una propuesta de relectura, les preguntaba a los
alumnos: ¿qué poder tienes?, ¿qué poder identificas en ti? Estas dos preguntas,
me hicieron pensar en la casi necesaria e ineludible relación del poder con la
autoridad. Y algo les dije de esto. De parte de ellos las preguntas fueron: “O
sea, ¿cómo puedo influir en los demás?, ¿cómo los manipulo?”
Esto me hizo pensar en algo igualmente importante de rescatar:
¿cuál ha sido mi experiencia del poder y de la autoridad?, ¿cuál ha sido la de
quienes están conmigo?, ¿qué son capaces de hacer las personas que tienen
poder?, ¿cuál es mi relación con la autoridad?
Si juntara las respuestas a estas preguntas, tendría un sinfín
de experiencias tan válidas como la mía. Porque la vida no pasa de una vez
igual para todos, a cada quien le acontece de diferente manera y de ella damos
cuenta, pero sólo desde la perspectiva en que hemos logrado comprenderla.
Hay cosas que no podría explicar qué son, como el poder, a
partir de la realidad, porque en la mayoría de los casos se me muestra
precisamente lo que no es. Sería la vía negativa de entenderlo. Para una
crítica del poder, es la adecuada. Pero el esfuerzo de reivindicar, no el poder
mismo, sino a las personas que lo ejercen, y lo han ejercido en bien de los
demás, exige no limitarse a una crítica apasionada de las injusticias, sino a
un acercamiento a las experiencias de crecimiento y humanización. Esta es una tarea
personal que sigue vigente: la de entender al poder como siempre puesto al
servicio de los demás.
Sin embargo, creo que una manera errónea y desvirtuada de entender
el poder, es como siempre hacia fuera, como ejerciéndose sólo hacia los demás,
y muchas veces a pesar de. En este sentido, no habría poder si no se puede
influir en los demás o, en otras palabras, manipularlos. El poder, por tanto,
sobre uno mismo no existe, no se lo vive como tal, cuando en la experiencia
personal de liberación, de muchos hombres y mujeres, todo empieza por la
capacidad de empoderarse, desde lo más íntimo de la conciencia, es decir, tomar
el poder de la vida propia y proyectarla, desde lo más esencial hacia fuera,
hacia el mundo, no para influir a los demás, sino para hacerla evidente y
mostrarla como existiendo realmente. Sólo así entiendo el empoderamiento -el
poder sobre uno mismo-, base de cualquier otra manera de ejercicio del poder.
La historia evidencia ambas maneras de ejercicio del poder. La
que destruye la convivencia humana y causa injusticia, y la que consolida los
lazos humanos y forma conciencia en la solidaridad y el respeto a los demás. Lo
que me parece importante rescatar de esto, es que ya sea una experiencia
positiva o negativa del poder, ya sea que se halle uno en un lado u otro de
esta dinámica, siempre y ante todo, se trata de personas. Y ésta es una de las
consideraciones principales a las que quería llegar. El poder se ejerce entre
las personas y su injusticia radica en que abusa de unas y sólo aprovecha a
otras. Esto es la degradación del poder.
El poder, ejercido desde una mentalidad dominante, degrada
la realidad hasta hacerla provechosa sólo para quien lo ejerce, excluyendo toda
posibilidad de reivindicación a quienes lo sufren. Aquí el poder es, en
términos históricos, patriarcal, pues ha hecho de la relación hombre-mujer, una
relación de poder. Un poder en el que, en el caso del hombre se combina con el
ostentar la autoridad, y en el caso de la mujer, con la otra cara de la moneda,
la sumisión y la obediencia.
¿Qué instituciones, histórica y socialmente establecidas,
perpetúan esta relación de poder entre hombre y mujer? ¿Qué dinámicas sociales
colocan al hombre y a la mujer en los polos opuestos del binomio poder-dominio
y poder-sumisión?
María-Milagros Rivera, de quien he aprendido mucho sobre
este tema, y a quien escribí en días pasados, me hacía esta aclaración: el
problema no es la institución (el matrimonio), sino el poder que,
históricamente sostenido por la violencia, ha hecho de la relación hombre-mujer,
una relación patriarcal, y que ha hecho del matrimonio una institución dotada
de poder social.
Lo que hay de fondo en la violencia y en las injusticias, es
el poder. El poder que puede tener cualquier nombre y apellido, cualquier
nacionalidad, credo y religión, cualquier color político e incluso miradas y
sonrisas deshonestas.
Me parece que la realidad nos urge a no degradar el poder,
pero sobre todo y principalmente, a no degradarnos entre nosotros mismos,
hombres y mujeres, hombre y hombres, mujeres y mujeres. Que así sea todavía en
muchas partes del planeta, no significa que sea la realidad que debamos aceptar
como designio divino.
miércoles, 9 de septiembre de 2015
jueves, 6 de agosto de 2015
HAY COSAS QUE ME DUELEN
Que no hemos aprendido a amar, a pesar de que siempre nos quejamos de desamores.
Que nos hemos acostumbrado a "ignorar" a los demás como si fueran cosas, a pesar de que siempre queremos que nos respeten.
Que nos peleamos todo el tiempos con nuestras propias decisiones, como si fuéramos extraños a nosotros mismos.
Que perdonar nos cuesta más que dar los buenos días, creyendo que perdemos valor si entendemos a los demás.
Que somos expertos en cargar nuestra vida a los demás, esperando que nos den amor, alimento, casa, atención, sólo por estar allí, sin hacer más nada.
Que vemos a las personas como "consumibles" para satisfacer nuestras necesidades de sexo, afecto y atención.
Que vivimos siempre hacia el exterior, olvidando nuestro interior, nuestra paz personal y nuestras motivaciones esenciales.
Que hacemos guerras donde nos sentimos amenazados, desacreditamos donde nos sentimos ofendidos, nos ausentamos donde nos sentimos ignorados.
Que nos creemos perfectos, porque estamos seguros que lo que pensamos y hacemos es siempre lo correcto y lo único válido.
Que fácilmente nos volvemos producto de la mercadotecnia y de las etiquetas sociales aceptadas, como si fuéramos cosas y no personas.
Que nos volvemos conformistas en lo mínimo y ni siquiera renovamos nuestra vida con valentía y decisión.
Que esperamos que nos resuelvan nuestros problemas y de la manera en que queremos, sin comprometernos con nosotros mismos.
Que nos sentimos dueños de las personas que amamos, y acabamos por odiar a quien era importante en algún momento.
De verdad me duelen estas situaciones.
Y, por ahora, sólo quería que lo supieras.
Sergio García Díaz
07/08/2014
lunes, 22 de junio de 2015
LA CULTURA DE LA INSATISFACCIÓN
Sergio García Díaz
Llamo “cultura de la insatisfacción” a la idea
predominante del siempre estar en un lugar queriendo estar en otro, del estar
con una persona queriendo estar con alguien más, del tener ciertas cosas
queriendo tener otras. Lugares, personas y cosas son el anzuelo de esto que se
ha vuelto un modo de vida.
Hemos comprado la idea del valor de la persona como un
estatus, una mera fachada, una máscara compuesta de aquello que nos hace ser
más atractivos e interesantes a los gustos e intereses de los demás. Nos
preocupamos por “agradar” a los demás, más que agradarnos a nosotros mismos.
Hemos sacrificado nuestro bienestar y desarrollo personal por encajar en los
cánones del consumismo de afecto, de reconocimiento, de aceptación.
Nos hemos vuelto “buscadores compulsivos” de
experiencias, “coleccionadores” de personas, de amistades, de relaciones de
pareja, de cosas que no son necesarias más que para darnos cuenta que “somos”
mucho más que “consumidores”.
Con la facilidad que tenemos de escoger un producto entre
mil otros, con la posibilidad real que tenemos de viajar y comunicarnos hacia
cualquier parte con quien quiera que sea, con la rapidez y facilidad que
tenemos de contactar y conocer personas en las redes sociales, hemos llegado al
punto de sentirnos insatisfechos con nosotros mismos, porque se ha vuelto una
“necesidad” estar en todos los lugares posibles, estar en contacto con el mayor
número de gentes, tener el mayor número de cosas. Y aunque en un momento dado
estemos donde quisimos hace poco tiempo, ya estamos pensando en dónde más puedo
estar. Y aunque esté con la persona que quise hace poco tiempo, ya estamos
pensando con quién otra puedo estar. Y aunque tenga lo que quise hace poco
tiempo, ya estamos pensando qué otra cosa tener.
La carrera del siempre allá (lugares), del siempre
alguien más (personas), del siempre más (cosas), nos va vaciando, poco a poco,
hasta perdernos en la falta de compromiso, hasta dejarnos en la
superficialidad, hasta ahogarnos en la frustración y hundirnos en la duda de si
estamos donde mejor nos conviene, de si somos los indicados para la otra
persona o la otra persona para nosotros, y de si tenemos lo que merecemos o
necesitamos. Y así podemos pasarnos toda nuestra vida. Totalmente
insatisfechos, llenos de miedos, de angustias y vacíos cada vez más reales y
profundos.
No pretendo hacer que renuncies a ti mismo; precisamente
te propongo lo contrario. No pretendo que dejes de superarte; precisamente te
propongo lo contrario. No pretendo que dejes de esforzarte por una vida de
calidad; precisamente te propongo lo contrario. Porque en la “cultura de la
insatisfacción” los lugares, las personas y las cosas, son objetos. Mientras
que en el proceso de desarrollo y crecimiento humano, cada lugar, persona y cosa
tienen su justo valor. Y lo mejor de todo, sólo así se puede, al menos,
intentar estar en paz y feliz con uno mismo.
Termino con una idea de mi amigo Mauricio Sanders, a
quien admiro y respeto, “¿hoy que el sexo es tan fácil, por qué el amor es tan
difícil?”. Tú decides.
martes, 10 de marzo de 2015
sábado, 28 de febrero de 2015
APRENDER DEL SEXO
APRENDER...
El verdadero
reto de aprender algo nuevo, es integrarlo a tu pensamiento; no de destruir
todo lo anterior como si hubieras vivido en la oscuridad. Si lo haces así,
mañana estarás negando la verdad que hoy sostienes. Y no es que no pueda
cambiar uno de opinión; lo que no es válido es pregonar que como para ti algo
ha dejado de ser verdad, ya no tiene que serlo para los demás.
... DEL SEXO.
El problema
es que vemos el sexo como negocio. Algunos venden, otros compran. Y no me
refiero al sexo servicio, que bien respeto tal decisión. Me refiero a que nos
hemos acostumbrado a ganar dinero para comprar. Tiene dinero sólo quien
trabaja. Ese es quien puede comprar, como logro de su esfuerzo. Compra lo que
quiere o, en el mejor de los casos, lo que necesita. Quien tiene dinero siente
que tiene poder y no dudará en demostrar que así es. Quien no lo tiene o no tiene
modo de conseguirlo, se sentirá débil, supeditado a otros y puede aceptar sin
más los deseos ajenos. En lo sexual sucede lo mismo. Quien cree haber ganado
valía (valor que tratará de cuantificar) por su trabajo, su cuerpo, sus amigos,
su estatus, sus creencias, sus prácticas (aunque sean perversiones) y hasta lo
que está haciendo en el momento presente, la utilizará para dar sexo, que es
como vender, al costo que quiera, con las condiciones que quiera; o bien,
buscará sexo, que es como comprar, con las características que correspondan a
la idea que tenga de sí mismo. Es claro, compra y vende sexo quien se vive como
objeto, y no como persona.
Pienso que,
entonces, el sexo hay que vivirlo como un trueque, no como una compra-venta. En
el trueque uno intercambia alguna mercancía por otra que corresponda no a su
costo, sino a la calidad de satisfacción de una necesidad específica. En todo
caso, el intercambio es por algo del mismo tipo, con plena conciencia de lo que
se da y de lo que se recibe. Hoy, este es el mayor problema del sexo, que hemos
perdido la conciencia de lo que damos y no sabemos valorar lo que recibimos. Y
al revés también.
El sexo por
el sexo no pasa de eso, el sexo con alguien, es una experiencia humanizante.
Sergio García Díaz
@iSerchNoTeDigo
Etiquetas: CRÍTICA, PSICOLOGÍA
sábado, 10 de noviembre de 2012
San Nazario, el nuevo santo del narco.
San Nazario, el nuevo santo del
narco.
Porque todos buscamos protección.
“Nazario Moreno
González, fundador del Cártel de La Familia, es venerado en Michoacán como si
fuera un santo.” (Tomado de Reforma: 10 de julio 2012, Primera Plana).
Esta fue la nota
que leí muy temprano en el periódico mientras regresaba a casa de mi caminata
mañanera. No pude quedarme así nada más. De inmediato pensé en dos cosas: en la
manera de ser “santos” hoy en día, y en la necesidad que todos experimentamos
de sentirnos protegidos.
Puedo pensar
también en todas las personas que han perdido la vida en estas cuestiones del
narco: compra, venta, producción, distribución y límite de territorios de la
droga. El provocar, directa o indirectamente que algunas personas mueran,
podría ser el primer “pero” al momento de hablar de santidad. Aquí san Nazario
ya habría perdido la posibilidad de pasar siquiera el primer nivel para ser
aceptado a un proceso formal eclesial y ser puesto en la lista oficial de los
santos reconocidos y elevado a los altares.
Sin embargo,
Nazario Moreno no tuvo más que dedicarse a lo suyo y ver por quienes trabajaban
con él y ¡listo! Esa es la primera impresión que tengo de su vida cuando pienso
en que otros lo veneran como a un santo, pues hasta altares le han puesto por
doquier en Michoacán. Y creo, precisamente, que hablar de santidad nos lleva a
considerar la dedicación a un compromiso de vida, libremente asumido, con todo
lo que ello implica. Me refiero aquí a lo que toca de personal en algo como
dedicarse al narcotráfico. Dedicarse uno mismo a lo propio, a veces es tan
irreal que lo más que hacemos es estarnos metiendo en lo que los demás hacen o
dejan de hacer. Si nos dedicáramos a lo nuestro, seguro estoy que poco tiempo
tendríamos de andar de metiches en la vida ajena.
Y lo mismo sucede
con cada uno de los líderes de los cárteles mexicanos. Quiero pensar que están
dedicados a lo suyo con conciencia clara de las consecuencias de sus acciones. Quiero
pensar también, que cada uno de nosotros, los que no nos dedicamos al narco,
hacemos las cosas con plena conciencia de las consecuencias de nuestras acciones.
Desde qué parámetros sea visto lo que hacemos depende de la escala de valores
que cada quien tenga perfectamente establecida. Porque claro, hablar de
santidad supone considerar al menos una escala de valores aceptada por un grupo,
así sean narcos, políticos, líderes religiosos y cualquier común ciudadano en
sus familias o círculos de convivencia.
La otra cosa en
la que pensé al leer la nota en el periódico fue la necesidad de protección que
todos experimentamos, no sólo como cuestión para resguardar nuestra integridad,
sino el sentimiento de protección por el hecho de sabernos parte de un grupo
social, sea éste la familia, un club, una religión, un clan, un sindicato,
bueno, hasta el mismo grupo de amigos nos hace sentirnos protegidos. Y la
protección, obtenida o comprada, hoy en día es más necesaria que nunca antes. Encomendarse
a san Nazario es parte del sentido de pertenencia de los miembros de La Familia
a su organización. En alguna ocasión cuando atravesaba yo por una situación
realmente complicada recuerdo haberme encomendado a san Juditas y a la Virgen
de Guadalupe, con tanto fervor como nunca antes lo había hecho. Y sí, sucedieron
las cosas como las pedía. ¿Qué hay de fondo? La fe, una gran fe, en que lo que
no se puede humanamente, se podrá por alguna intervención especial.
En pocas
palabras, de lo que me di cuenta al leer esta nota en el periódico fue de la
gran necesidad de los seres humanos de recibir ayuda de alguien especial, pero
además, de alguien muy cercano. Este es un reto pastoral para la Iglesia
católica, hacer a sus feligreses más conscientes de que solos, muchas veces, no
se puede, que se necesita recurrir a Dios, con fe sincera, para sentirse
protegidos y ayudados. Porque tengo la leve impresión, pero sólo es una leve y
subjetiva impresión, que muchos de los católicos ni se sienten parte de su iglesia,
ni tienen fe sincera y que poco recurren a Dios.
Los santos de hoy
en día suelen ser personas que ni figuran, ni figurarán nunca en la lista
oficial de los santos. Personas que hacen mucho por los suyos, incluso hasta
dar su vida. Cuando el deseo de poder se mezcla con la fe, ya el grupo se
vuelve sectario y proselitista. Y hay que cuidar esto, porque se se puede arriesgar la vida por nada.
Sergio García Díaz
sergadi@gmail.com
facebook.com/elkekodiaz
@SerchGabo
Ciudad de México,
10 de julio de 2012.
Etiquetas: CRÍTICA
lunes, 30 de enero de 2012
VISITA DEL PAPA BENEDICTO XVI A MEXICO
Del 23 al 26 de marzo de este año, 2012, el Papa Benedicto
XVI visitará nuestro país
Guanajuato será el lugar donde desarrollará las actividades
previstas para esta visita.
Ante tal evento, Mons. Christophe Pierre, Nuncio Apostólico
en México, pronunció en el Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana, una
conferencia donde detalla los rasgos característicos de la persona, pensamiento
y retos del actual Papa.
Llamó fuertemente mi atención que en las primeras líneas de
dicha conferencia el secularismo es presentado como el contexto general, no
sólo del país sino del mundo, que plantea los nuevos retos para la llamada “nuestra
cambiante nueva época”.
Consultando internet, encontré que el secularismo es la “Manera de vivir y pensar que se sigue sin referencia a Dios
o a la religión. La raíz latina saeculum se refiere a "generación,
edad". "Secular" llegó a significar "pertenecer a esta
edad, mundanamente". En términos generales el secularismo implica una afirmación
de realidades inmanentes, de este mundo, junto con una negación o exclusión de
lo trascendente, o realidades de más allá. Es una visión del mundo y un estilo
de vida más orientado a lo profano que a lo sagrado, a lo natural más que a lo
sobrenatural. El secularismo es un enfoque no religioso a la vida personal y
social.”
http://www.mb-soft.com/believe/tsn/seculari.htm
(consultado el 30 de enero de 2012).
La pregunta que me formulo es qué
implicaciones tiene en una sociedad una forma de pensar y de vivir
secularizada. Una vida ya sin esperanza y puro presentismo, es decir,
mecanizada para vivir sólo el presente, sin planes, proyectos o anhelos del
futuro. Ese futuro que pensar en él, al menos,
nos exige plantearnos ciertas situaciones y actitudes como importantes.
No es mi intención extenderme en
esta ocasión elucubrando sobre el secularismo. Sólo quiero mencionar que la
felicidad, ese estado de vida en el que la persona se siente y se vive a sí
misma como plena en relación con los demás y con todo lo que la rodea, debe
seguirse viendo como un derecho al que todos aspiramos y queremos lograr. Pero mientras
la mentira, el fraude, la hipocresía, el desamor, la venganza, la corrupción,
el desánimo, la derrota, la sinrazón, la desesperanza, el hambre, la injusticia,
los asesinatos, el desprestigio, el individualismo, la prostitución, el
narcotráfico, los monopolios, el proselitismo sectario, la decepción y la falta
de compromiso para cuidar el planeta sean el pan nuestro de cada día…. Ni la
visita del Papa podrá cambiar las consecuencias del secularismo que todos los
días vivimos y a las que nos hemos acostumbrado, porque hasta la “mala vida”
puede volverse un estilo de vida que sin querer estamos propiciando.
Sergio García Díaz
@sergiogarciadz
Etiquetas: CRÍTICA
miércoles, 11 de enero de 2012
Viral Racismo en México
Este video fue realizado por 11.11 Cambio Social como parte de la campaña "Racismo en México". Se hizo un trabajo de investigación con niños y niñas mexicanos/as, replicando el experimento con niños/as y muñecos diseñados por Kenneth y Mammie Clark en los años treinta en EUA, que se ha llevado a cabo en varios países del mundo.
Aquí se muestra parte de los resultados y los niños y las niñas que aparecen en este video reflejan las respuestas de la mayoría de los niños/as que fueron entrevistados/as.
Dada la complejidad de la temática, se realiz+o un Taller de Racismo con los/as niños/as y que participaron y sus familias, para generar un espacio de reflexión y contención de las emociones generadas en este intercambio.
Twitter: @RacismoenMexico
Facebook: www.facebook.com/norazas
Más información: racismo.mexico@gmail.com
__________
COMENTARIO PERSONAL
Es una excelente video por mostrar lo que niños piensan por la simple apariencia de los muñecos. Los adultos le llamamos "racismo" cuando se trata de personas reales, pero es cierto que actitudes como ésta (el racismo) también se aprenden de la conducta de otras personas.
Por otro lado, los temas que tratan de enfocar las peguntas me parecen de una profundidad y alcance que los niños no logran vislumbrar, lo cual no significa que no tengan idea alguna de qué se trata. Por ejemplo, la belleza, la bondad, el gusto.
Cuando se enseña a los niños criterios que les ayuden a poner en contexto las diferentes situaciones de su vida, quizá sean más conscientes de actitudes de racismo y cómo evitarlas.
Finalmente, el "racismo" tiene que ver con la raza, como lo menciona una niña, pero justo habría que ver en las diferentes razas lo que de común tienen otras y no tanto las diferencias si queremos construir criterios humanos de convivencia. Y si el acento se pone en las diferencias, hoy por hoy, no podemos verlas como malas o peores que las de nuestra propia raza y, mucho menos, ver nuestra como inferior a unas cuantas o superior a otras tantas.
La complejidad del tema da, por supuesto, para mucha más discusión y debate.
Sergio garcía Díaz
sergadi@gmail.com
@sergiogarciadz
Etiquetas: CRÍTICA
jueves, 11 de agosto de 2011
DENUNCIA DE EFRAÍN BARTOLOMÉ. NO ES EJERCICIO LITERARIO. ES LA DESPIADADA REALIDAD QUE VIVIMOS EN MÉXICO.
Efraín Bartolomé
¿DE VERDAD ESTAMOS TAN SOLOS?
Son las 4:43 de la mañana del día 11 de agosto de 2011.
Hace aproximadamente dos horas un grupo de hombres armados irrumpieron en mi casa ubicada en Conkal 266 (esq. Becal), Col. Torres de Padierna, 14200, México, D. F.
Comenzamos a escuchar golpes violentos como contra una puerta metálica y me extrañó porque se escuchaba demasiado cerca y no hay ninguna puerta así en la casa.
Prendí la luz.
Los golpes arreciaban ahora como contra nuestras puertas de madera.
Quité la tranca que protege la puerta de nuestra recámara y me asomé al pasillo: hacia el comedor veía luces (¿verdosas? ¿azulosas? ¿intermitentes?) acompañando los golpes violentos contra el cristal que da al sur.
Mi mujer me gritó que me metiera.
Así lo hice apresuradamente y alcancé a poner la tranca de nuevo.
Oí cristales rompiéndose y pasos violentos hacia nuestra recámara: rápidos y fuertes.
“¡Abran la puerta!” era el grito que se repetía antes de que empezaran a golpear con violencia mayor nuestra puerta con tranca.
Nos encerramos en el baño y busqué a tientas un silbato que cuelga de un muro sin repellar: comencé a soplarlo con desesperación, unas diez veces, quizá.
Mi mujer está llamando a la policía.
Les dice que están entrando a la casa, que vengan pronto por favor, que nos auxilien.
Yo sigo soplando el silbato con desesperación.
En la oscuridad, mi mujer se ubicó tras de mí mientras oíamos que la tranca de la puerta se quebraba y los hombres entraban.
¿Tres, cuatro, cinco?
Quise cerrar la puerta del baño pero ya no alcancé a hacerlo.
Empujé unas cajas hacia dicha puerta y en algo estorbó los empujones.
“¡Abran la puerta! ¡Abran la puerta, hijos de la chingada...!” gritaban mientras empujaban y metían sus rifles negros hacia el interior.
Quise detener la puerta con mis manos pero no tenía sentido: vencieron mi mínima resistencia y entraron.
Policías vestidos de negro, con pasamontañas y lo que supongo que serían “rifles de alto poder”.
“¡Al suelo! ¡Al suelo! ¡Al suelo, hijos de la chingada! ¡Al suelo y no se muevan!”
Uno de los hombres me da un manazo en la cabeza y me tira los lentes.
Alcanzo a pescarlos antes de que toquen el suelo.
Me quita el silbato.
−¡No golpee a mi esposo! –grita mi mujer.
−¡El teléfono! ¡Déme el teléfono! –le responde y pregunta si no tenemos otro teléfono o un celular.
Ella y yo nos arrodillamos primero y después nos medio sentamos en el suelo de cemento de este baño sin terminar.
Policías jorobados y nocturnos, como en el romance de García Lorca.
Quién lo diría: aquí, en nuestra amada casa donde cultivamos y enseñamos la armonía.
Aquí...
Justo aquí estos hombres de negro, con pasamontañas, con guantes, con rifles de asalto, con chalecos o chamaras que tienen inscritas las siglas blancas PFP, nos apuntan con sus armas a la cabeza.
Uno de ellos, siempre amenazante, nos interroga.
Dos más permanecen en la puerta.
− ¡Las armas! ¡Dónde están las armas!
− Aquí no hay armas, señor, somos gente de trabajo.
− ¡A qué se dedica!”
−Soy psicoterapeuta y escribo libros.
−¿Desde cuándo vive aquí?
− Desde hace treinta años...
−Cómo se llama.
−Efraín Bartolomé.
−Cuántos años tiene.
−60.
−A qué se dedica.
−Ya se lo dije, señor, soy psicólogo y escribo libros.
−Usted cómo se llama... –se dirige a mi mujer.
−Guadalupe Belmontes de Bartolomé.
−A qué se dedica.
−Soy arqueóloga y ama de casa.
−Cuántos años tiene.
−54.
−Tranquilos. Respiren profundo... Voy a verificar los datos.
El hombre sale.
Oigo ruidos en toda la casa.
Están vaciando cajones, abriendo puertas, pisando fuerte sobre la duela de madera.
Oigo ruidos afuera, en el cuarto de huéspedes, en la torre, en el estudio de abajo.
Nos cambiamos de posición.
Mi mujer pone algo sobre el frío piso de cemento.
Cinco o siete minutos después regresa el hombre y repite su interrogatorio.
Si recibimos gente en la casa, con qué frecuencia, cada cuánto salimos de viaje, quién cuida entonces.
Respondemos a todo brevemente.
Dice nuevamente que va a verificar los datos y que volverá a decirnos porqué están aquí.
El tiempo pasa.
Oímos que abren nuestro carro en el garage.
Voces ininteligibles en el patio del norte.
Más tiempo.
Varios minutos después se oyen motores que se prenden y carros que arrancan.
Mi mujer y yo seguimos en la oscuridad.
Comenzamos a movernos.
Sólo silencio.
Nos incorporamos con cierto temor.
Salimos del baño hacia la recámara iluminada.
Desorden.
Cajones abiertos.
Cosas volcadas en el buró.
La chapa de la puerta en el suelo.
Restos de la tranca destrozada.
La puerta de tambor machacada y rota, pandeada en su parte media.
Salimos al pasillo: un cuadro en el suelo y abiertas las puertas de lo que fueron las recámaras de mis hijos.
Desorden en el interior: maletas y cajas abiertas, cajones vaciados.
Vamos hacia el comedor: uno de los vidrios roto en su ángulo inferior izquierdo, muchos cristales en el piso.
La puerta de la sala está rota de la misma forma en que rompieron la de nuestra recámara: la chapa en el suelo y fragmentos de duela en el piso.
Está abierta la puerta de la torre y prendidas las luces del cuarto de huéspedes.
Salimos por la puerta de la sala y nos asomamos con cierto temor.
Nada.
Mi mujer llama por segunda vez a la policía.
Es en vano: piden los datos una vez más.
Dicen que ya enviaron una unidad.
Llego a la barda y me asomo: no hay carros.
El portón del garage está intacto.
Bajamos las escaleras hasta la puerta de acceso: rota igual que las de adentro.
El estudio de abajo está con las luces prendidas.
De por sí desordenado, ahora lo está más.
Vamos hacia la torre y entramos al cuarto de huéspedes: cajones volcados, revistas en el suelo, cosas sobre la mesa, puertas del clóset colgando, zafadas de su riel inferior.
Subo al tercer piso: una esculturita de alambre volcada pero no se nota demasiado desorden.
Subo a los pisos superiores: no hay daño en la salita de arte.
En el último piso dejaron abierta la puerta a la terraza.
Volvemos al interior: queremos tomar fotos pero no está la cámara de mi mujer que estaba sobre el buró.
“¡Tampoco está la memoria de mi computadora!”, grita.
También se la llevaron
Quiero ver la hora y voy al buró por mi reloj: ha desaparecido mi querido Omega Speedmaster Professional que me acompañó por casi cuarenta años.
Tiene mi nombre grabado en la parte posterior: Efraín Bartolomé.
Oímos que un auto se estaciona y nos asomamos.
Mi mujer llama una vez más a la policía: lo mismo.
Ya tienen los datos pero nunca enviaron apoyo.
Indefensión.
Del auto blanco baja un joven y avanza hacia la esquina.
Se asoma y regresa.
Lo saludo y responde.
Le preguntamos qué pasa y responde que viene en atención a una llamada de su amiga que vive a la vuelta y a cuya casa también se metieron.
Mi mujer pregunta de qué familia se trata, cómo se apellida.
Magaña, responde el joven.
¡Es Paty!, dice mi mujer.
Salimos a la calle y voy hacia allá.
Encontramos a Patricia Magaña, bióloga, investigadora universitaria, acompañada de su papá, en la calle.
Entraron a ambas casas la de ella y la de sus padres, con la misma violencia que a la nuestra.
Patricia y su hija estaban solas.
Sus padres octogenarios también estaban solos.
Volvemos a nuestra casa vejada y con la puerta rota.
Atranco la destruida puerta de la calle.
Con todo, mantenemos una sorprendente calma.
“Pudieron habernos matado”, dice mi mujer.
Yo imagino por unos segundos nuestros cuerpos ensangrentados en el baño en desorden.
¿Sabe el presidente Calderón esto que pasa en las casas de la ciudad?
¿Lo sabe Marcelo Ebrard?
¿Lo sabe el procurador Mancera?
¿Ordenan Maricela Morales o Genaro García Luna estos operativos?
¿Sabrán quién fue el encargado de este acto en contra de inocentes?
Antenoche volvimos a casa levitando, en la felicidad más plena, tras la amorosa y conmovedora recepción del público ante nuestro libro presentado en Bellas Artes.
Un día después, en la atroz madrugada, la PFP irrumpe violentamente en nuestra casa, quiebra nuestras puertas, destruye los cristales, hurga sin respeto en nuestra más íntima propiedad, nos amenaza con armas poderosas a mi bella mujer y a mí, a la edad que tenemos...
Y pensar que también son humanos los que hacen esto contra su prójimo.
Subo al estudio a escribir esto.
Allá, abajo, la ciudad parece embellecida por la calma.
Arriba la impasible Luna de agosto, casi llena.
Son ya las 6:35 de la mañana.
La luz de oriente comienza a colorear y a inflamar el horizonte.
La policía nunca llegó.
¿De verdad estamos tan solos?
Etiquetas: CRÍTICA
lunes, 1 de agosto de 2011
UNA VELITA

Como todos los primeros días de mes, podría poner mi velita a la Divina Providencia para que nada me falte, me dé techo, comida y sustento. Sería una forma de sentirme cerca de alguien más, pero infinitamente más poderoso que yo. El simple hecho de poner en ello mi fe, esa que es auténtica y sincera, lo hace omnipotente.
Y ¿qué conmigo? Quiero decir, qué con mi vida, con mis emociones, con mis pensamientos, con esas cosas que realmente me preocupan y que no dependen de prender una velita.
Es muy fácil pedir por costumbre, por sentir tranquila la conciencia, y por apego a una rutina religiosa heredada que, muchas veces, tiene más que ver con esoterismo que una auténtica piedad teológica.
Pero al final de todo, ¿qué nos queda? Tratar, y digo tratar, que esos buenos deseos que queremos para nosotros, también los pidamos para los demás, pues insisto en que una buena práctica religiosa, de cualquier tipo que ésta sea, ha de unir los demás mediante la paz, el respeto y la solidaridad… si no, ¿de qué sirve prender una velita?
Sergio García Díaz
sergadi@gmail.com
facebook.com/elkekodiaz
@sergiogarciadz
1 de agosto de 2011.
Y ¿qué conmigo? Quiero decir, qué con mi vida, con mis emociones, con mis pensamientos, con esas cosas que realmente me preocupan y que no dependen de prender una velita.
Es muy fácil pedir por costumbre, por sentir tranquila la conciencia, y por apego a una rutina religiosa heredada que, muchas veces, tiene más que ver con esoterismo que una auténtica piedad teológica.
Pero al final de todo, ¿qué nos queda? Tratar, y digo tratar, que esos buenos deseos que queremos para nosotros, también los pidamos para los demás, pues insisto en que una buena práctica religiosa, de cualquier tipo que ésta sea, ha de unir los demás mediante la paz, el respeto y la solidaridad… si no, ¿de qué sirve prender una velita?
Sergio García Díaz
sergadi@gmail.com
facebook.com/elkekodiaz
@sergiogarciadz
1 de agosto de 2011.
Etiquetas: CRÍTICA
domingo, 17 de octubre de 2010
¿CUÁNTOS POBRES MÁS?

El 17 de octubre fue declarado por la ONU el “Día internacional para la erradicación de la pobreza”, en 1993. A 17 años de esa toma de conciencia internacional, las acciones que los países han tomado para alcanzar tal objetivo, aún tienen mucho por lograr. La preocupación real es, y son, los millones de seres humanos en el mundo que viven con menos de un dólar al día. ¿Qué se puede conseguir con $1 dólar para vivir? Nada. Los millones de pobres extremos no viven la vida, la sobreviven. Apenas si tienen para comer algo, y no tres veces al día, y no todos los días.
Desgraciadamente, la pobreza material, esa que priva a las personas de alimento, casa y vestido, también las priva de salud, educación y oportunidades de mejoras reales en su entorno. Barrios pobres, casuchas de cartón, calles empolvadas, delincuencia y enfermedad, son algunas de las manifestaciones visibles de la marginación y la desesperación.
¿A quién corresponde remediar esta deplorable situación inhumana de tantas mujeres y hombres que mueren de hambre o por enfermedad? ¿A caso no es inaceptable que haya personas que no saben ni escribir su nombre? El nombre da identidad a las personas. ¿Cuántas identidades no han sido todavía asumidas en el mundo que vivimos?
Las decisiones ya no son sólo de los gobiernos, ni tampoco de las empresas; porque lo que se necesita no son sólo decisiones, sino acciones. Y aun así, lo más importante será no perder de vista que se trata con personas, no con cosas, ni con números.
El problema de fondo de la pobreza es la falta de reconocimiento de la común dignidad de todos los seres humanos. Y eso, no sólo es inhumano, sino injusto e imperdonable, tanto más cuanto se atenta contra la vida de muchos hombres y mujeres. ¿Cuántos pobres más han de morir de hambre y enfermos, esperando al menos saber escribir su nombre?
Sergio Garcia Diaz
sergadi@gmail.com
Etiquetas: CRÍTICA
lunes, 10 de mayo de 2010
EL CIRCO DE LA MARIPOSA
¿De qué hablar después de ver este video? Tal vez de la dignidad humana, quizá de los derechos humanos, probablemente de superación personal, o también del papel de los sentimientos y emociones en la toma de decisiones.
Ve el siguiente video llamada "El circo de la mariposa" y saca tus propias conclusiones.
La verdad es que, cualquiera que sea el mensaje que en él encuentres, podrás ver, al menos, algunas cosas diferentes.
Eso pienso y creo.
Saludos sinceros.
Sergio García Díaz
sergadi@gmail.com
Etiquetas: CRÍTICA
domingo, 4 de abril de 2010
ALGO DE FEMINISMO ÚTIL
Jesusa Rodríguez y su compañera de vida Liliana Felipe, nos regalan una excelente muestra de la libertad de pensamiento, esa que hace a las personas sentirse dueñas de sus decisiones y de sus actos. Con un toque de feminismo, esta obra nos deja mucho en qué pensar y, por supuesto, varias cosas en las que habría que actuar.
Sergio García Díaz
sergadi@gmail.com
Etiquetas: CRÍTICA
















